En Ruta #10

Casualmente Javier nuestro profesor del Área Psicosocial, resultó ser uno de los cuatro hermanos varones de Alicia, una no solo compañera de estudios del mismo centro de fomento donde yo estudié, sino que también resultó ser una de mis amigas de correrías y juergas juveniles.
Alicia era la pequeña de cinco hermanos, la única chica, con lo cual era la mimada de todos y todos se ” cuidaban ” de que no se metiera en ” líos ” . Javier era el del medio, el tercero de cinco y por eso yo siempre le había llamado ” jueves” .
Casualidades de la vida a los pocos meses de regresar a mi ciudad después de tantos años, me pusieron a ” jueves ” en el camino.

Muy pronto Javier y yo comenzamos a sentir una atracción mutua que era muy evidente . Y si, esa atracción se hizo evidente en clase, en los descansos y entre clases se hacía más evidente aún pues mis compañeros se habían dado cuenta de ello y no dudaban en ponernos en aprietos siempre que les era posible.

Javier tampoco lo hacía mal , siempre se sentaba a mi lado en esos ya famosos descansos en el que rulaban las Coca Colas y los pinchos, sobre todo los de tortilla.

Y por si eso fuera poco en algunas de sus clases se proyectaban películas de cine en las que los protagonistas eran los enfermos de Alzheimer y ya os imagináis a quien le pedía que la acompañase al ” vídeo club ” a alquilar la película….a mí, eso aún hacía que crecieran aún más las habladurías sobre algo entre nosotros que no existía , al menos en ese momento.

Aún tenía tanto que hacer para establecerme en mi nueva vida que dese luego no tenía tiempo para desviarme de mi camino ni un milímetro.

Así, con las cosas claras sobre hacia dónde iba o al menos eso creía yo, continuaron un día tras otro de ocho y media de la mañana a dos de la tarde las clases que se iban sucediendo y yo iba disfrutando de cada una de ellas , eran maravillosas.

Cuando comenzó el curso la verdad es que yo creí que se centraría única y exclusivamente en lo que llamábamos él Área Sanitaria es decir en las Demenciás, el Alzheimer y estudio solo como enfermedad, distintas variables y diagnósticos del Alzheimer , sus cuidados, higiene….es decir todo lo relacionado con los cuidados que necesitarían esas personas en los centros en los que sus familiares los dejan para que se les realicen esos cuidados.

Al ver la cantidad de Áreas sobre derecho y derechos y otros aspectos jurídicos, en ese momento fue cuando comprendí lo que me decían los compañeros trabajadores de gerontología que tenía en mi clase sobre lo de ampliar campos de trabajo. Él área sanitaria y la gerontología eran básicamente lo mismo a excepción de que los enfermos de Alzheimer tienen unas necesidades muy específicas.

La gerontología es el estudio de la salud, la psicología y la integración social y económica de esas personas que se encuentran en la vejez y él área sanitaria de lo que yo estudiaba aunque parecía distinto, a la hora de trabajar se traduciría básicamente en lo mismo a diferencia de que las personas con demencia y Alzheimer necesitan muchísimos más cuidados, es como el trabajar o cuidar de ellos era igual que estar de guardia las veinticuatro horas del día, pues no se les puede perder de vista ni el más mínimo momento.

Ahora claro, viendo el Área Jurídica y él Área Psicosocial se habrían muchísimo los aspectos en los que podrías trabajar , no solamente en los cuidados o lo que se refiere a la parte física sino también en departamentos juridicos. De ahí que esas cuarenta plazas estuvieran tan cotizadas.

Ahora empezaba a entender a todos mis compañeros que a mi modo de ver hacían esfuerzos titánicos al trabajar como gerontólogos, asistir a las clases cada día ( eran unas cuantas horas de clase ) estudiar la materia y además vivir , porque aquí cada uno tenía su vida . En el curso había gente de muchas edades aunque sí tuviera que poner unos límites, diría que el rango iba desde los treinta hasta los cincuenta aproximadamente .

Ahora también comprendía lo que me habían dicho a principios de curso cuando al yo preguntarles qué si ya estaban trabajando, porque volvían a estudiar sobre lo mismo y claro la respuesta era que para abrirse más caminos en la gerontología , la idea era salir de las salas con los enfermos y atención directa a ellos para irse hacia la burocracia, había los despachos de esos mismos centros en los que trabajaban, lo que pretendían era hacer su trabajo más ” fácil ” .

Pero me pregunto yo ¿ estaban esos puestos burocráticos que tanto anhelábamos todos realmente a nuestro alcance ? ¿ dependía solamente de nuestros esfuerzos en esos exámenes el obtener un puesto de trabajo en esas oficinas ? .

Bueno el caso es que el curso resultó ser mucho menos llevadero de lo que me había imaginado cuando decidí estudiarlo, tenía muchísima materia para estudiar, mucho derecho, derechos y deberes para memorizar y yo estaba empezando a notar que algo en mi cerebro no funcionaba igual que siempre.
Empecé a notar que mi memoria , la de corto plazo, iba disminuyendo de forma considerable,. Por supuesto tuve una excusa inmediata para ese ” problemita de memoria ” , hacía muchos años que no ejercitaba mi memoria estudiando….

En mis largas, lluviosas y preciosas tardes de estudio ( me encantaban esas tardes de invierno en la que a las seis de la tarde ya era de noche ) tardes en las que me acurrucaba encima de mi cama apoyada en la esquina que formaban las paredes del dormitorio y enroscada en una manta , con la cama tomada por libros, cuadernos, apuntes y marcadores yo me pasaba horas y horas estudiando, cada hora contaba y ya no era por no tener un minuto libre que me hiciera pensar más de la cuenta sino que el curso era realmente muy, muy intenso , muy exigente , al igual que interesante.

Si a todo esto le añadimos la dificultad que yo encontraba para recordar cosas tan sencillas como el último párrafo que había leído antes de hacer una parada para tomarme un refrigerio pues las cosas se me estaban poniendo muy cuesta arriba y el aprobar los exámenes lo definiría casi como una lucha titánica entre los libros y mi cerebro.

Y así fueron pasando mañanas de clases un poco de diversión por supuesto, tardes de arduo estudio en mi casa y fines de semana en los que como ya se había convertido en algo habitual, yo no hacía absolutamente nada que no fuera descansar , descansar y descansar.

Qué duro además de difícil es que tú cerebro te este pidiendo ” marcha” , que le imprimas información, nueva información para hacerlo funcionar porque se siente activo y que tú no puedas hacerlo porque el resto de tu cuerpo está cansado. Esta cansado para leer, para estudiar, para moverse, el cuerpo está cansado para salir e incluso para mantener relaciones de amistad con otras personas que a través de las conversaciones te van imprimiendo en tu cerebro esa marcha que el mío me pedía pero que mi cuerpo no podía darle pues mi cerebro y mi cuerpo van juntos , no funcionan por separado. Me refiero a que si mi cuerpo se encuentra cansado no envía órdenes al resto del cuerpo y así este no se pone en funcionamiento.

Acudiendo a mis clases, estudiando mucho y descansando mucho también transcurrieron los meses. Fui haciendo y aprobando parciales porque el curso te lo jugabas al final, a una carta con toda la materia vista de una vez. Así llegó la Navidad, mi primera Navidad normal después de muchos años ( antes la Navidad me llegaba con tiempo de primavera, sol , playa y piscina ) .

Para entonces, para cuando llegaron esas primeras navidades ” normales” hacía ya siete años que mi padre había fallecido y aunque el fuerte dolor inicial había pasado las Navidades en casa de mi madre nunca volvieron a ser las mismas. En la ciudad en la que yo vivo no tenemos más familia , vivimos solamente mi madre y yo y puesto que ella tenía muy claro que en su casa no se va a hacer nada especial, ni siquiera escorar la casa, podríamos decir que las Navidades pasarían sin pena ni gloria para mí, al menos mientras continuará viviendo en casa de mi madre. Es un sentimiento que yo siempre respeté y que continuaré respetando para siempre.

En algún momento tendría que mudarme a mi propia casa aunque para eso, debería esperar el visto bueno del doctor y de mi madre, hay que cuidar mi alimentación y otras cosas para mantener a raya a mis hipoglucemias .

Aún me quedaba tanto por hacer que desde luego no podía desviarme ni un centímetro de la ruta trazada.

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