En Ruta y Sin Brújula #15

Este trabajo se me estaba presentando realmente duro, bastante más de lo que jamás habría imaginado. Lo más fácil era el madrugón, pero el trabajo en sí a pesar de estar en prácticas, se me estaba haciendo muy cuesta arriba. Eran seis horas de un no parar y lo de no parar es literalmente. Bueno miento, tenía un descanso de veinte minutos que casi cada día se convertían en quince o incluso menos porque se me hacía tremendamente duro ver cómo los trabajadores del centro apenas si paraban lo justo para fumarse un cigarrillo y yo quedarme tranquilamente esperando a que pasaran los veinte minutos sin hacer nada, mientras ellos iban siempre a paso rápido a todas partes, no se respiraba precisamente un clima de paz en el centro.

Me refiero obviamente a nosotros , a los que estábamos trabajando. Siempre íbamos a paso ” marcha” pareciera que alguien corríera detrás de nosotros. Parece gracioso así al contarlo pero os podéis imaginar que para mí ir a esa velocidad cada cada mañana, durante toda la semana, cuando llegaba el viernes llegó un momento en el que las horas se me hacían eternas, porque yo ya estaba destrozada.

La fatiga y el cansancio, que ya se habían cronificado en mi, causaban estragos en mi forma física y en mi peso. A pesar de que mi madre aún cuidara férreamente mis comidas, tanto trajín había hecho que yo perdiera una cantidad de peso considerable. Así que no me quedó más remedio que bajar esa marcha y tomármelo con un poco más de calma.

Ya llevaba algo más de dos meses trabajando y se aproximaba la semana del gran puente de Diciembre que para nosotros que éramos estudiantes significaba una semana sin tener que ir al centro.

Ansiaba que llegara esa semana con todas mis fuerzas, necesitaba esos días de vacaciones, y no es que “quería ” tener unos días de vacaciones, es que mi “cuerpo me pedía ” insistentemente un poco de paz y tranquilidad.

Sabéis esa sensación de cuando tu cuerpo es el que te habla y te pide que hagas o no ciertas cosas, o que le des o no lo que quiera que sea ? Pues eso es lo que me ocurría a mi , en ese momento mi cuerpo me estaba implorando un poco de descanso, dejarlo que se moviera cuando él quisiera y no cuando el despertador lo decidiera por él.

Mi única seguridad es que yo me sentía mucho peor que hacía dos meses y también más cansada , pues por si era poco lo que ya tenía , también se sumaron grandes problemas para dormir , a pesar de los opiaceos y de los relajantes musculares que se supone que dan somnolencia. Si a todo eso le sumamos el agotamiento con el que llegaba a casa a mediodía después del trabajo, a mí se me hacía increíble que yo no fuera capaz de dormir cuando me acostaba a descansar después de comer. Pero así era , me acostaba a descansar y ponia bajita la televisión que siempre me había hecho de ” chupete” para poder dormir y a pesar del madrugón, el agotamiento y la televisión, yo me acostaba un par de horas y descansaba pero lo de dormir como que iba a ser que no.

Para entonces yo tuve que pedir una mañana unas horas libres, porque la medicación que tenía para mis dolores y mi descanso ya no eran suficientes. Una vez más mi dolor y cansancio volvían a estar fuera de control. En ese momento no sabía si era que mi cuerpo se habituaba a la medicación que tomaba y se volvía insuficiente , o era que tanto el dolor como la fatiga iban en aumento.

Una mañana fui a mi MAP ( médico de atención primaria) y aúnque continué con él Pazital , me aumentó considerablemente la dosis , ahora ya tomaba lo máximo que se podía. A partir de el día siguiente tomaría dos al desayuno , dos a la tarde y dos a la noche. A la noche a los dos Pazitales tendría que añadirles los dos Diazepanes para relajar mis músculos mientras ” dormía” o lo intentaba, aunque me recetaron algo llamado Vastat 30 flas para ayudarme a dormir.

A partir de esa visita al doctor las noches parecían mágicas, me ponia un Vastat bajo la lengua y a la vez que se iba disolviendo, yo me iba durmiendo y por las mañanas la verdad es que me sentía súper feliz; más adelante me enteré de que él Vastat además de ayudarte a dormir es un antidepresivo. Pero lo que parecía ayudarme tenía su parte mala, todo lo que estaba tomando creaba dependencia al tomarlo más de cinco días y yo ya ni me acordaba del tiempo que hacía que tomaba mis medicinas así que tenía un gran problema de fármaco dependencia y había que sumarle la dependencia a los opiaceos porque uno de los componentes del Pazital es el Tramadol. Solo de pensarlo siento vértigo.

No quería ni pensar en cómo podría hacer para dejar dejar toda esa medicación cuando averiguaran que era lo que me ocurría y se me quitaran todos los dolores y también está fatiga que en este momento eran crónicos. Pobre de mi, que positiva e inocente era cuando aún pensaba que algún día cuando decidiera parar mi vida y ponerme a buscar un nombre que ponerle a mi enfermedad para así poder curarla.

Había pensado que cuando terminara mis prácticas y antes de comenzar a buscar trabajo sería un buen momento para hacerlo. Ese era el plan, parar buscar la causa de mi cansancio y dolor, curarlo y ponerme a trabajar. Mientras el curso seguía yo tenía que seguir también. No quería dejarlo a medias , me interesaba demasiado.

A día de hoy y a pesar de todo continuo siendo positiva e inocente, aunque también soy realista. Si no fuera así no estaría escribiendo esto. Este blog es el fruto sobre todo de mi positivismo y también un poco de mí inocencia.

Mi madre me sorprendió una tarde, cuando llegue del trabajo. Me llevó a mi habitación, y me encuentro con mi cama cubierta con una sábana blanca, no sé de qué estaba hecha pero no era igual que las que utilizábamos habitualmente en nuestras camas. Parecía antigua y tenía un bonito bordado. Yo, sorprendida le pregunté qué ocurría y que significaba eso. Ella sonriente me dijo: nada que hoy estuve mirando los armarios y me encontré estas sábanas de cuando yo era joven y en el colegio nos enseñaban a bordar, como no se han utilizado nunca pensé que podrían servir para cubrir tu cama y así Randy podría subirse a ella .

Mis ojos parecían farolas de tanto como se abrieron y del brillo que se asomaba a ellos, que no era otra cosa que la antesala a las lágrimas de alegría que inundarían todo mi rostro al segundo. Le di un enorme abrazo a mi madre, volví a decirle cuanto la quería. Acto seguido vi a Randy mirando atónito desde la puerta de mi dormitorio todo lo que ocurría, entonces me senté en mi cama con mi madre y le dimos permiso para que el también entrara y se subiera a la cama. No se describiros la reacción de mi fiel amigo cuando se subió a mi cama y pudo estar junto a mí en ella por primera vez, quizás más adelante , cuando practique un poco más esto de escribir e intentar transmitir que para mí es un arte, pueda describiros esa sensación.

Pero a partir de entonces todo fue mejor para mí . Cuando necesitaba o deseaba irme a mi cuarto lo hacía y además era en compañía, pues a partir de ese momento él también vivía en ese dormitorio conmigo.

Mi madre que como siempre digo es muy sabia, se había dado cuenta del bien que me había hecho la compañía de mi perro desde el mismo día que fuimos a buscarlo hacía ya más de ocho meses. De los cambios ( buenos ) que mi comportamiento y yo habíamos experimentado sede entonces y supo anticiparse en el tiempo y ver que cuanto más tiempo estuviéramos juntos más me beneficiaría yo, su hija que era su mayor preocupación.

También es cierto que Randy es un cielo de perro y ella que quiere muchísimo . Incluso tengo que vigilarlos porque él es muy listo y en cuanto huele a comida se sienta cerca de donde está mi madre cocinando a ver si se le cae algo por casualidad, jaja y de vez en cuando evidentemente algo se le cae.

Y ya está al caer mi semana de descanso, la próxima semana es el gran puente o más bien el acueducto para nosotros, senado que llegue estoy solamente para poder practicar lo que dicen los italianos y que tanto nos dicen ” il dolce far niente ” , pero a media mañana mientras mis compañeros están dando los refuerzos a los residentes aparece una de las gobernantas y se acerca a mí y me pide que la acompañe, que la directora del centro quiere hablar conmigo.

En ese momento me puse súper nerviosa y comencé a hacer un repaso mental de todo lo que hice en los últimos días para ver en qué pude meter la pata y como de grave podría ser .

Cuando caminábamos hacia su despacho yo ya estaba histérica y sólo pensaba ; ya está, ya la lié y me van a echar del curso. Al llegar , la directora estaba hablando por teléfono y con un gesto nos indicó que nos sentáramos. El tiempo se me hizo eterno mientras esperaba a que ella terminara de hablar ……

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