Repartiendo Sonrisas # 13

Desde pequeña, yo cada poco le preguntaba a mi padre si podía tener un perro, la respuesta de mi padre que era muy sabio siempre era, pregúntaselo a tú madre, entonces yo iba toda contenta hacia mi madre porque ingenua de mi, yo creía que el estricto era mi padre y consideraba que ya me había dicho que si, así que toda contenta iba a donde estuviese mi madre y le decía mami ¿ puedo tener un perro ?

Papi me ha dicho que si, que te lo pregunte a ti, jajaja, me acuerdo y me entra la risa .

Entonces yo me encontraba siempre con el mismo muro que me contestaba ” no nena, no puede ser, porque tú tienes que estudiar y después a la que le va a tocar cuidarlo va a ser a mi.

Cuando crecí , los motivos iban cambiando a algo totalmente razonable para mi edad, cuando yo le comentaba a mi madre que me gustaría tener un perro su respuesta cambió un poco pero yo lo comprendí perfectamente, esta era muy simple, además de que un perro da trabajo extra y que necesita unos cuidados que requieren tiempo, tiene otros inconvenientes tipo, un perro suelta pelo en casa, un perro araña el parqué con las uñas, no puede subirse a los sofás, etc..

Pero en ese momento cuando después de muchísimos años volví a carga con el tema del perro, aunque ya no como un capricho sino como una medicina para mis problemas que tanto preocupaban a mi familia, quizás más que a mí, mi madre no me dijo nada, tan sólo un ya veremos , lo que me hizo concebir esperanzas de que tal vez esta vez sí accedería mi madre a que lo tuviera, pues yo ya me había encargado de explicarle y contarle mis razonamientos y sobre todo eso de que yo me haría cargo de él y que se respetarían las normas de la casa.

Pocas semanas después, mi madre y una amiga me pidieron que las llevara en el coche a una casa en un pueblo a las afueras de la ciudad en la que vivo, a unos ocho kilómetros aproximadamente. Cuando llegamos y me baje del coche de repente vi a dos pequeños terrier jugando como lo que eran, cachorros.

Mi cara se iluminó como hacía años que no lo hacía y mi sonrisa no podía ser mayor, cuando uno de ellos se percató de mi presencia y vino corriendo a saludarme y a pedirme mimos y un poco de marcha. Ese cachorro había decidido que quizás jugar conmigo podría ser más divertido que hacerlo con su hermana, así fue como Randy a partir de entonces me eligió ( en ese momento le llamaban Lucky) y me hicieron en ese momento el mejor y más bonito regalo que me podía imaginar. Él sería desde entonces y de luego hasta el final, mi compañero para todo, porque desde entonces solamente nos hemos separado por causas de fuerza mayor , solamente por mis ingresos hospitalarios.

Desde ese momento llegó una gran alegría a mi vida y jamás serán suficientes las gracias que le pueda ofrecer a mi madre por pensar solamente en mí y olvidarse de ella totalmente, porque además a día de hoy que aún seguimos juntos Randy y yo, mi fiel compañero y mi madre son grandes amigos y se adoran mutuamente. Se y soy consciente del gran esfuerzo que mi madre tuvo que hacer para intentar buscar mi felicidad, porque además se trataba de un cachorro, sin educar aún, con las molestias que ello conllevaba y a pesar de todo, solamente pensó en mí y si bien es cierto que intentaba cumplir las normas que antes os conté , ella jamás tuvo una palabra de reproche ni regaño con respecto al perro, pues lo adoró desde el primer día al igual que yo. Le puse de nombre Randy por Randy Mamola, siempre he sido muy fan de las motos.

Y así ya con Randy, comencé el verano, un verano en el que salí todos y cada uno de los días, hiciera sol o lloviera, no buscaba excusas para quedarme en casa ( sé que no me hubieran servido de nada las excusas pues un perro tiene unas necesidades ineludibles, pero tampoco las busqué ) era feliz saliendo y enseñándole a mi perro , mi nuevo amigo todo lo que se me ocurría y lo que conocía , pues no era el primero que tenía.

Pasé el verano entrando en casa cuando ya estaba agotada ( que no era muy tarde para la edad que tenía ) . Mi agotamiento continuo seguía ahí , para mi desgracia no resultó ser algo psicológico sino físico pues a pesar de sentirme inmensamente feliz , continuaba levantándome con el sol y acostándome con las gallinas ( como reza un conocido dicho popular español ) .

Era feliz después de lo que a mí me parecía una eternidad, y lo que era muy importante para mí , volví a ser yo, volví a ser ese lobo solitario que salía cuando quería y hacia dónde quería sin quedar con nadie y estando con todo el mundo al mismo tiempo y siempre con la compañía de mi fiel compañero.
Así empecé a explorar mi nueva ciudad, que aunque era la misma en la que había crecido , después de tantos años que había pasado fuera , había cambiado muchísimo y para bien, para mejor, ofreciéndome todo lo que podía desear o necesitar.

Lo único que conseguía empañar mi felicidad eran mi cansancio, mi agotamiento pues me fatigaba tan solo por caminar y hablar a la vez y a veces tan sólo por hablar y también mis dolores que estaban acabando conmigo, cada día eran más y más fuertes. Tenía la sensación de que el dolor se estaba volviendo muy poderoso y que podía no solamente conmigo sino también con cualquier tipo de tratamiento tanto farmacológico, como cualquier terapia adicional.

Ningún tratamiento farmacológico conseguía quitarme el dolor generalizado que tenía en mi cuerpo, en esta época comenzó mi coqueteo con los opiaceos, no por gusto sino por un intento desesperado de aliviar tanto dolor. Los más suaves, en este momento estaba tomando Pazital, un analgésico compuesto por Paracetamol y Tramadol . Él Tramadol es un opiaceo considerado para dolores de moderados a fuertes . En ese momento tomaba 1-1-2 . Las tomas durante el día eran de una pastilla nada más porque el Tramadol es una droga y como tal y sobre todo los primeros días me colocaba, me mareaba y me costaba mucho hacer una vida normal, aunque a los pocos días me habitué a él y los mareos cesaron.

Las noches eran otra cosa, entre los dos Pazitales y los dos relajantes musculares los cuales se supone que deberían trabajar sobre el sistema nervioso central o bloqueando los receptores del dolor en mi caso eran dos Diazepan de 5mg os podéis imaginar que muy serena no me encontraba pues ambos medicamentos tienen efectos del tipo droga. Me parecía increíble que incluso con los dos Pazitales y los dos Diazepanes yo fuera incapaz de conseguir pasar una noche de sueño y descanso reparadores y continuara despertándome tan temprano a pesar de las ” drogas ” que me tomaba cada noche. Era incapaz de obtener ni una larga ni reparadora noche de sueño.

Tampoco obtenía resultados positivos o reparadores con la fisioterapia y mi cuerpo cada vez se ponia más y más duro. Mi cuerpo cada vez pesaba más y más , esa losa que portaba conmigo cada día ( porque no me abandonaba nunca ) cada día se me hacía más y más pesada. Probé la acupuntura, sin resultados también, con el tiempo he ido probando todas las terapias alternativas que se me iban presentando, bien fuera por consejo de algún conocido o por algún artículo que leyera en algún sitio.

En ese momento comencé a utilizar la osteopatia y era en lo único que conseguía alivio por unos días , ese sólo alivio a mí me daba la vida, por unos días aunque fueran solamente dos o tres conseguía sentir que mi cuerpo no pesaba tanto y los pinchazos que me provoca el que mi cuerpo se ponga tan duro, aunque no desaparecían , sí que se hacían más lejanos al menos por un par de días o tres. Uff, eso me daba la vida y fue bonito mientras duró. Porque como todo lo bueno en esta vida acaba por terminarse, por dejar de hacer efecto.

Así pasó mi verano, buscando y visitando los parques con zonas para perros que ofrece mi ciudad en la que tanto Randy como yo nos lo pasábamos genial e íbamos haciendo amigos. Yendo al parque fluvial donde procuraba que mi perro disfrutara dándose un buen baño mientras buscaba su pelota y también buscando playas en l que los perros tuvieran el acceso permitido done yo aprovechaba para tomar mis baños de sol para broncearme que me encantaba y en las que ambos nos bañábamos disfrutando de los juegos y fue ahí donde descubrí que en el mar mi cuerpo pesaba menos y los dolores también se hacían más llevaderos.

Este descubrimiento tan solo era un alivio puntual que yo me procuraba siempre que podía pues fue un descubrimiento casual absolutamente, pero que con el tiempo ayudó al tratamiento que ahora me hacen.

Pues así , de parque en parque , de playa en playa y de terraza en terraza y paseando muchísimo el verano llegó a su fin, este año no tuvo nada de tedioso, ni se me hizo largo en absoluto, los días ya no se me hacían largos , y el verano con tristeza se terminó, los días menguaron y con el mes de septiembre llegaban las obligaciones. Habían unas prácticas del curso de Alzheimer pendientes para obtener el diploma que me acreditaría como apta o no para dedicarme a eso, sí así lo decidía.

Trabajar en al cuidado de las personas con Alzheimer era algo que aunque no tenía decidido, pues yo tenía otros estudios, sí que me llamaba poderosamente la atención y me apetecía , y yo siempre he funcionado mucho por el ” me apetece ” . Además era algo que tenía pendiente y como no soy persona de dejar las cosas a medias, debía terminarlo.

Ahora se me presentaban otros retos por delante , pues a pesar de ser unas prácticas, no dejaba de ser un nuevo trabajo para mí con la diferencia de que no sería remunerado, pero un trabajo al fin y al cabo. A partir de ahora tendría que levantarme temprano , cumplir con mis horas de trabajo y además ocuparme de Randy, mi compañero. Llegaba la vida de verdad de nuevo y yo me sentía expectante por saber como lo llevaría , y si me gustaría.

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