Septiembre mi renacer #7

Si tan feliz era en mi isla con el sol asegurado cada día y que además de tenerlo lo disfrutaba junto con una buena lectura y lo hacía a diario por que ahora que estoy aquí en la ciudad, en la que tengo que salir de casa para sentir ese calor y esa energía tan especial pareciera que le tengo alergia.

Porqué durante los meses de verano cuando me despierto un día y resulta que hace sol me da rabia, me siento como si tuviera la obligación de coger mi toalla e irme a la playa tan solo por el hecho de que es verano, porque se supone que es lo que se hace porque aquí no existe la eterna primavera que tenia en mi isla, porque aquí los días de sol estaban contados, pero me pregunto yo ¿ es que es obligatorio tener la tez morena porque es verano ?
¿ Es que es obligatorio hacer las cosas que se supone que corresponde a cada estación del año ?
Todo esto me lo pregunto ahora , ahora que hago lo que quiero sea la estación del año que sea porque ahora funciono como siempre lo hice….a mi aire y si puedo llevar la contraria al mundo se la llevo porque para eso soy como soy . Y además existen muchísimos adelantos tecnológicos o de la índole que sea para poder hacerlo.
Si os lo pensáis nadie nos obliga a ir a la playa en verano que está a tope de gente porque todo el mundo hace lo mismo y nadie nos obliga a ir a esquiar en invierno que eso no está tan masificado y menos si tienes la suerte de podér disfrutarlo no obligatoriamente los fines de semana.
Para eso existen las máquinas de rayos UVA para que puedas broncearte y envejecer tu piel en cualquier época del año y lo del esquí en verano está un poco más complicado por el tema económico pero también puedes hacer esquí en verano. Además del empeño de mucha gente de coger sus vacaciones en Julio y ya no te digo en agosto, eso es algo que nunca comprenderé y algo que nunca he hecho.
Estoy divagando y os preguntareis a donde quiero llegar con esto. Quiero llegar a que os deis cuenta de cómo se transformó mi forma de pensar cuando me sacaron de mi isla donde vivía como me daba la realísima gana y los prejuicios que existen en las ciudades y que tanto me molestan y que me han hundido bastantes meses la vida por escuchar a los demás con el “ que dirán” que tanto utilizan nuestros mayores.
Realmente pude ser igual e feliz desde que llegue aquí como lo soy ahora si no hubiera escuchado eso de “ nena pero que dirán “.

Una vez pasaron los temidos meses de julio y agosto parecía que las cosas se iban calmando para mi, empezaba a ver una luz al final de ese túnel oscuro que en ese momento era mi vida, era como si el mundo que se hubiera parado durante los dos meses de verano volviera a girar, a moverse.
Finalmente tendría cosas que hacer y muchas porque tenía que ponerme a investigar cómo llegar para acceder a esos cursos que había escuchado en la radio y de los que lo único que sabía era que eran para especializarse en cuidar a las personas enfermas de Alzheimer.

Llegó el ansiado mes de septiembre y con él las instituciones y los funcionarios comenzaron a trabajar de nuevo afortunadamente para mi y tenia mucho que hacer y mucho que moverme pues ese programa de radio en el que hablaban de esos cursos seguía en mi mente, se me había ocurrido que estudiar era una buena opción para ocupar horas de mis días tan largos en los que no tenía ninguna obligación y eso hacía que me pasara muchas, muchas horas recostada en mi cama pensando, siempre buscando cosas que hacer para ocuparme porque pensaba que de esa manera mis días quizás no fueran ni tan largos ni tan tristes.

Pase el mes de septiembre de un lado a otro primero buscando quien impartiría ese curso y después buscando donde debía ir para inscribirme en él porque me había empeñado en cuidar a los enfermos de Alzheimer .
Una vez lo encontré comencé echando instancias, presentando documentación, notas de otros estudios en fin todas esas cosas y preparándome para acceder a ese curso que proponía la Unión Europea donde te preparaban para cuidar a esas personas que tanto nos necesitaban.

Mientras, no podía olvidarme de mis visitas semanales al fisioterapeuta para ablandar cada día un poco mas mi cuerpo contracturado, pues cada día los masajes ayudaban menos , las contracturas eran mayores y más fuertes. Los antalgines de 550 mg eran como golosinas para mí.
Las visitas a mi centro de fisioterapia cada vez eran menos efectivas y las contracturas o al menos parte de ellas volvían conmigo para casa.

Un maravilloso día de septiembre llegó el cartero y entre el correo estaba la notificación de que tenía mi plaza para presentarme a las pruebas que podrían darme acceso a ese curso que quería.
Quería ayudar y necesitaba sentirme útil así que me hice con los temarios que necesitaba para estudiar y eso fue lo que hice , estudiar duro hasta el día del examen.
Quería una de esas cuarenta plazas, una seria mía.

Me pasaba todo el día estudiando y eso hacía que mi espalda me doliera muchísimo, los dolores hacían que mi forma de sentarme no fuera la correcta , al tener la cabeza siempre agachada los hombros se contracturaban más y más fuerte, el dolor llegaba ya hasta mi cintura .

En el mes de octubre me presenté a las pruebas para acceder al curso de la UE ( Unión Europea ) al que quería asistir, me había preparado a conciencia había solamente cuarenta plazas y nos presentábamos más de seiscientas personas, imaginaros era casi como una oposición pero en pequeño.

Llegó octubre y me presenté al examen teórico, cuando termine y me fui de la sala salí con muy buenas sensaciones, no sé explicar el porqué pero estaba segura de que lo había hecho de lujo.
A los tres días me llamaron para que me presentara al día siguiente a la entrevista, estaba hecha un manojo de nervios, deseaba tanto esa plaza … era como mi tabla de salvación dentro de la tormenta en la que se había convertido mi vida aún no sé por qué.
No os podéis imaginar el entusiasmo que puse en mi entrevista que aunque yo no tenía ni idea de con quien estaba hablando era la persona que sería quien decidiría si accedía a una de esas plazas o no y en el caso de acceder sería mi tutora.

Durante esa época mis visitas al fisioterapeuta ya eran dos y en algunas ocasiones tres veces por semana y a los antalgines, mis caramelos, tuve que sumarles los relajantes musculares nocturnos el diazepan de 5 mg que seguramente conoceréis y también el Rivotril de 2 mg que hace de relajante y ansiolitico para la agorafobia que había desarrollado con motivo de estar siempre encerrada en casa, en lo que era mi zona de confort.

Una semana después, ya tuve que ir al centro donde se impartiría la parte teórica del curso a ver la nota , ya sabría si tenía mi ansiada plaza.
Estaba inmensamente feliz y cuando llegué a secretaría y vi las listas, me sentí muy orgullosa al ver que mi nombre con mis largos apellidos estaban en el cuarto lugar de esa lista.

No sólo había aprobado sino que lo había hecho con nota. Cuando vi a Dora, la persona que me hizo la entrevista, me dijo que nunca había conocido a nadie tan entusiasta como yo y que no solamente estaba contenta con que hubiese obtenido mi plaza sino que además ella me guiaría y ayudaría si una vez aprobado el curso quería seguir en ese mundo, en el de ayudar .Yo estaba más feliz que una perdiz.

Después de eso estaba exhausta, estuve una semana en cama, necesitaba descansar, me agotaba incluso al hablar y me dolía todo el cuerpo, parecía que me hubiesen dado una paliza con lo que me pasé una semana en la que lo único que hice fue dormir y comer y esto último porque mi madre se encargaba de llevarme la comida en una bandeja a la cama.

En ese momento me di cuenta de que cuando me sentía nerviosa o estaba alterada mi cuerpo reaccionaba con dolor y poniéndose duro y las durezas o contracturas siempre quieren decir dolor más fuerte. La reacción era tanto cuando los nervios o estado de alteración eran por algo bueno o bonito como cuando era por algo desagradable o doloroso.
Qué difícil es vivir en un estado de permanente fatiga, agotamiento y con dolor todos los días .

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