Tristemente Feliz #14

Aún sentía la resaca del buen verano que había pasado. Las novedades que con él habían llegado a mi vida. Unas me producían tristeza, los dolores, mi cansancio , todo iba creciendo, iba a más y yo me preguntaba hasta donde o hasta cuándo podría aguantar. Me preocupaba muchísimo el hecho de estar tomando ya opiaceos sin control , y digo sin control porque no era un tratamiento para quince días a ver si en ellos remitían mis ya terribles dolores, sino que se trataba de que sin tener ni idea de qué era lo que padecía , ya estaba tomándome unos analgésicos súper potentes para paliar un poquito tanto dolor.

Por otra parte cada mañana, cuando me levantaba había una cosita pequeñita que salía a recibirme corriendo en cuanto escuchaba como se habría la puerta de mi dormitorio, que felicidad me daba esa bolita negra y fuego correteando por el pasillo en mi busca. Por aquel entonces él estaba a punto de cumplir los seis meses ya y era el perro más bonito y sobre todo más bueno de todos los que había tenido ( sólo había tenido dos anteriormente) .

Finalizando septiembre, el verano terminaba y llegaba el otoño. Yo iba viendo como los días tan largos se iban haciendo más cortos, algo que me preocupaba tanto cuando llegó el estío, en este momento se me antojaba incluso triste, me daba pena que los días se volvieran cortos y también oscuros, tenía tantísimos buenos recuerdos del verano recién terminado, que sentía melancolía, cosa que creo que es buena, buena porque significa que lo que queda atrás son buenos tiempos con muy buenos recuerdos.

Terminado el verano me encontraba satisfecha con mi nuevo compañero y amigo y también conmigo misma y con mi vida. Había pasado un verano muy divertido, como nunca hubiera imaginado, sin excesos pues como bien sabéis ya llevo años con esta fatiga y mis ya dolores crónicos y entre ambos me impiden cualquier tipo de exceso y con exceso me refiero tan solo a trasnochar.

Hace tiempo que hago lo que comúnmente llaman vida de persona mayor, aquí lo llaman ” acostarse con el sol y levantarse con las gallinas ” traducido quiere decir simplemente que como me despierto y levanto muy temprano solamente porque mi cuerpo funciona así, pues al levantarme temprano , también me acuesto pronto porque mi cuerpo cuando lleva doce o trece horas levantado ya no puede más y comienza a pedirme que me acueste y eso es lo que hago. Aunque suene curioso hace ya mucho tiempo que he tenido que aprender a escuchar a mi cuerpo y cuando este me dice levántate de la cama , lo hago, y si lo que me pide es que quiere ponerse en posición horizontal, eso es lo que hago, y no porque quiera, sino porque no me queda más remedio. Mi cuerpo ordena y a mí solamente me queda una opción y esa es obedecerle.

Y yo me sentía cansada como de costumbre pero muy feliz, algo a lo que últimamente ya le había perdido el gusto, pues el verano ha sido genial y más aún teniendo en cuenta las previsiones que tenía para él cuando este comenzaba. Y así con esa felicidad llegábamos a final de septiembre que era cuando me tocaba presentarme en el centro de estudios para que nuestra tutora nos informara de cómo se había programado la parte práctica del curso para cuidados de enfermos de Alzheimer que con tanta ilusión había comenzado.

La ilusión, seguía intacta y con ella fui a buscar mis novedades. El horario era el mismo para todos, de ocho de la mañana a dos de la tarde de lunes a viernes excepto festivos. Desde ese momento nos dejaron muy claro que los horarios normales de este trabajo eran de tres turnos y que no respetan ni fines de semana ni festivos. Los descansos son los que hacen que vayan rotando según va ” corriendo el turno ” . No era nuestro caso pero tan sólo porque nosotros seríamos trabajadores en prácticas ( trabajo no remunerado) pero si no estabas dispuesto a sacrificar noches de descanso, festivos y fines de semana pues mejor no pierdas el tiempo en dedicar lo que será más o menos otro curso escolar en la parte práctica trabando duro para obtener el ansiado diploma.

Es decir si no ansías ese Diploma abandona en este momento y no pierdas tu tiempo y energía . Eso es lo que yo entendí .

A mí me tocó la primera mitad en el centro privado, por motivos que más adelante comprenderéis, voy a omitir el nombre del centro. Mi experiencia fue agradable y me lo pasaba de lujo con los residentes, siempre he tenido un feeling especial tanto con las personas mayores como con los niños. Realmente las relaciones con ambos extremos se parecen bastante. Los ancianos llegado un momento parecen niños altos.

Cada mañana de ocho a dos aproximadamente y de lunes a viernes yo comencé a ir a mi ” trabajo” en el centro para mayores. El trabajo era duro, había muchos resientes y pocos empleados, cierto es que yo entonces no me daba cuenta de las cosas ” malas ” que allí había, en ese momento yo me sentía muy ilusionada y no veía nada malo ni incorrecto en el centro. Además la compañera de curso que le había tocado el mismo centro que a mí y yo éramos un extra, cuatro manos más para ayudar y sacar adelante las tareas encomendadas y claro eso hacía que nuestros eventuales compañeros de trabajo nos trataran de maravilla y nos ayudaran a hacer las cosas como era debido así que yo estaba encantada allí.

Al comenzar a trabajar en el centro lo hice con miedo, miedo a que los trabajadores fijos fueran a tomarme como una intrusa que iba a poner en peligro su puesto de trabajo, por eso cuando vi su bienvenida y forma de actuar conmigo además de quitárseme todos los miedos, también agradecí su recibimiento. Que inocentes somos algunas veces ! Al menos Yo sé que lo soy.

El mayor problema de algunos de estos lugares es que acogen a tantos ancianos como camas son capaces de albergar sus instalaciones. A más personas , más ingresos económicos, no dejan de ser mas que puros negocios, donde las necesidades de las personas ni son tomadas en cuenta, ni les interesan a los propietarios, y esto sobre todo ocurre en los centros donde se deja todo a cargo de una directora y los propietarios ni aparecían por allí. Es curioso pero la experiencia me enseñó que así es. Lo único que importa es la facturación que se hace cada fin de mes. Esto provoca que en muchos de ellos no hay ni el personal mínimo para cubrir las necesidades básicas de las personas que allí viven.

Ahí es donde se deshumaniza esta profesión que realmente es tan bonita. Cuando vas a tu trabajo en el turno que te toque y haces de todo excepto dedicarles tiempo a los residentes para darles cariño, para aplicar las terapias cognitivas que has aprendido mientras estudiaste. Entonces el trabajo se convierte en un turno de seis horas si es turno de mañana o tarde en el que vas a contrarreloj, pues cada tarea tiene que estar terminada a una hora exacta y si no lo haces allí están las gobernantas para ponerte derechita y asustarte con que te van a sustituir.

De esa manera empleas muy poco tiempo en las tareas para las que has estudiado y mucho para otras para las que ni te enseñan, ni te corresponden y ni siquiera estás realmente preparado.

Aunque me estoy adelantando porque durante las prácticas evidentemente a mí no se me pedía que hiciera nada que no me correspondía y entre eso , la ilusión con la que vas cada día Y la gran cantidad de tiempo que tienes durante las prácticas para pasarlo con con ” tus ” abuelos, porque les coges tantísimo cariño que llegas a quererlos como si de familia se tratara.

Que te toca cambiar pañales ? Por supuesto y muchos, pero cuando haces la parte teórica del curso, una de las cosas a las que te enseñan es a como cambiarlos, así que nadie va engañado a ese trabajo cuando llega.

En fin que me pasaba la semana levantándome bastante temprano, hacia las seis e la madrugada, pues además de las cosas clásicas que uno hace antes de ir a trabajar, asearse, desayunar etc, yo tenía a Randy, mi fiel compañero y él necesitaba darse su paseo matutino para poder desahogar sus necesidades fielmente aguantadas toda la noche, porque afortunadamente para ese momento y con seis meses ya cumplidos el perro ya estaba educado de forma que lo sacaba justo antes de irme al trabajo y aguantaba hasta que yo regresaba del trabajo cerca de las tres de la tarde ( un poquito antes) de esa manera yo no sentía remordimientos de dejarle un trabajo extra a mi madre.

Uno de los puntos que puse claro el día que fuimos a buscar al perro, fue asegurarle a mi madre que ella no tendría que ocuparse de él en ningún sentido. Aunque se había convertido en algo habitual que nos acompañara en nuestros largos paseos vespertinos. Esos paseos se convirtieron en nuestros momentos juntas de disfrute y confidencias donde hablábamos de todo y también ambas disfrutábamos de los progresos que el aún cachorro, iba haciendo.

Lo cierto es que con los madrugones y el trabajo no me quedó otro remedio que una vez terminada la comida y sacado al perro tuviera la ” necesidad ” de acostarme a intentar dormir o a falta de conseguir conciliar el sueño, al menos descansar un par de horas para después de tomarme un tentempié y mi madre su ansiado café de la tarde y a pesar de estar literalmente destrozada físicamente, dar esos largos paseos
que realmente disfrutaba como nunca hubiera imaginado.

El resto ya era volver a casa, cenar a la europea y lo digo por el horario y después le daba su último paseo a Randy para después irme a acostar, hacia las nueve de la noche yo ya estaba acostada, con los opiaceos y los relajantes musculares ya tomados y utilizando el televisor como biberón intentando que llegara Morfeo y me secuestrara rápidamente hacia el sueño para así poder descansar el máximo de horas posible antes de levantarme al día siguiente para ir de nuevo al trabajo.

Este proceso estaba resultándome muchísimo más duro de lo que imaginaba, aunque nunca pensé en tirar la toalla porque soy muy cabezota y me niego a dejar las cosas a medias. Pero no me hubiera extrañado el haber abandonado todo porque el dolor ya me podía y la fatiga era extrema.

Afortunadamente cada cinco días, llegaba el fin de semana que yo aprovechaba al máximo para disfrutar de mi compañero aunque sobre todo para descansar porque lo necesitaba sin duda. Cuando alguna semana teníamos un festivo ( eso significaba un día menos de prisas, madrugones y trabajo es decir menos agotamiento) yo lo agradecía como si me hubiera tocado el mayor de los premios de la lotería.

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